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Control de las infestaciones por moscas en producción porcina y avícola

07 septiembre 2015

¿Sabía que las infestaciones por moscas que afectan a las naves porcinas y avícolas pueden acarrear un coste para el productor equivalente a un 10 % de pérdidas en tasa de crecimiento?

El Dr. Kai Sievert, director técnico de Syngenta, señaló en el último encuentro PestEx celebrado en Londres en 2015 que, en los estudios de investigación llevados a cabo, el crecimiento de los cerdos alojados en naves no tratadas con una infestación por moscas moderada (de seis a veintiún moscas atrapadas por día en trampas adhesivas de monitoreo) requería un total de 121 días en la nave de cebo en comparación con los 109 días registrados en las naves adyacentes sometidas a un control de moscas.

Otros animales de producción pueden verse también gravemente afectados por la presencia de moscas perjudiciales, añadió el Dr. Sievert.

Moscas en granjas avicolas

En las granjas avícolas, por ejemplo, la cestodosis (infestación por gusanos intestinales) transmitida por la mosca doméstica reduce la producción de huevos en un 10 %. En cuanto al vacuno de carne, se ha descrito una disminución de la ganancia de peso de hasta el 20 % cuando la infestación por la mosca picadora de los establos (Stomoxys calcitrans) supera los 100 insectos por ternero.

“A menos que los productores y los profesionales del control de plagas combatan de forma eficaz a estos insectos, las moscas pueden transportar hasta 100 microorganismos distintos entre virus, bacterias, hongos o incluso huevos de gusanos”, advirtió el Dr. Sievert. De estos microbios, añadió, “más del 65 % pueden afectar al ser humano o a los animales”.

"En la transmisión de patógenos, que ocurre por transferencia mecánica, por las heces o la saliva de las moscas o cuando el insecto se alimenta, hemos de incluir también la propagación de dos importantes bacterias que suponen un riesgo bien conocido para la salud pública: E. coli y Salmonella”.

El Dr. Sievert recalcó que la presencia de moscas actúa de puente para las enfermedades, como por ejemplo entre los animales de distintas granjas o instalaciones o entre un lote y otro que pasa por una misma nave, sin importar cuán meticulosa sea la limpieza física que se realice o las medidas de bioseguridad que se instauren.

En estos casos, el uso específico de los insecticidas de efecto residual así como de los cebos puede ser eficaz para minimizar el problema de la transmisión de enfermedades.

Mejorando las condiciones higiénicas

El Dr. Sievert apuntó a que la presión actual que viven los productores para reducir el uso de antibióticos en la práctica ganadera conducirá, casi de forma inevitable, a que aumente el nivel de base de las enfermedades, lo que a su vez incrementará el riesgo potencial de una mayor propagación mediada por moscas. Por lo tanto, las condiciones higiénicas generales deben mejorarse y el control de las moscas supone una parte crucial de esta estrategia.

La amenaza es mayor para la ganadería intensiva, ya que las moscas pueden reproducirse casi durante todo el año en un entorno controlado con temperaturas cálidas. A medida que aumenta la temperatura, se acorta el ciclo de vida del insecto. A 16 °C suelen ser necesarios 50 días para completar el ciclo entre la puesta del huevo y la mosca adulta, mientras que a 25 °C el ciclo se reduce generalmente hasta los 16 días y, a 35 °C, puede ser tan corto como de siete días.

El Dr. Sievert defendió que los productores y los controladores de plagas deben empezar a adoptar un enfoque integrado que combine las mejores prácticas para minimizar las poblaciones de moscas y la aplicación de un tratamiento insecticida eficaz en las instalaciones ganaderas.

Barreras físicas

Recalcó la utilidad de utilizar barreras físicas que impidan la entrada de las moscas a las naves.

Así, describió la experiencia recabada en estudios realizados con más de 100 granjas avícolas en las que se registraba una presencia baja de Campylobacter durante el invierno y un repunte considerable de la incidencia de la infección en verano. Colocar mosquiteras en las ventanas de las naves redujo la incidencia máxima en verano de un 55 % a un 15 %.

Además de las barreras físicas, el Dr. Sievert abogó por la necesidad de realizar un mejor control a largo plazo eliminando el medio en el que se reproducen las moscas.

“Retirar los excrementos de las naves priva a las moscas de la materia orgánica que necesitan para reproducirse”, señaló el Dr. Sievert.

“Además, las moscas no pueden reproducirse en un entorno seco, por lo que medidas tan sencillas como evitar los escapes de agua en los bebederos, especialmente en las naves avícolas, pueden ser de gran ayuda”.

Los animales muertos también representan un medio ideal paras las moscas, en especial para las moscardas o califóridos, por lo que los cadáveres deben retirarse siempre de las instalaciones.

Control químico de moscas

Si bien los métodos mecánicos pueden reducir las poblaciones de moscas, el control químico sigue siendo, para la mayoría de las granjas, la vía principal que permite mantener el número de insectos por debajo del umbral perjudicial. El control químico incluye normalmente el uso de adulticidas para rebajar rápidamente la cantidad de moscas junto con larvicidas para interrumpir su ciclo y evitar que la población siga aumentando.

El Dr. Sievert señaló que cuando los profesionales de control de plagas tratan una nave, tan solo es necesario que pulvericen un tercio de la superficie de las paredes con un insecticida.

“En la práctica se logra así un control de las moscas del 98 al 99 %, pero el coste es menor además de ser una buena estrategia para evitar la aparición de resistencias", recalcó.

“En zonas donde las moscas son especialmente numerosas o es difícil pulverizar, un buen truco consiste en pintar por ejemplo las paredes y los postes con la mezcla de forma que quede suficiente ingrediente activo para proporcionar niveles elevados de control residual”.

En caso de utilizar cebos insecticidas, el Dr. Sievert recomendó escoger cuidadosamente las zonas en las que se colocan de modo que se sitúen en los lugares donde las moscas suelen posarse y acumularse, como el alféizar de las ventanas o en lo alto de las paredes.

Si el acceso es difícil, las moscas pueden alcanzarse impregnando tiras o rociando el cebo granulado; cuando la tira atrapamoscas está seca, se puede colgar en los lugares donde los insectos se muestran más activos.

Entender la atracción física que presentan las distintas especies de moscas es también importante, subrayó el Dr. Sievert.

Por ejemplo, la mosca de los establos (Stomoxys calcitrans), que se alimenta de sangre, no se siente atraída por los cebos insecticidas, por lo que su control pasa por pulverizar las paredes con un insecticida de contacto.

Larvacidas

Los larvicidas aplicados sobre los excrementos en las instalaciones ganaderas pueden desempeñar un papel importante en la estrategia global de reducción de la población de moscas. Sin embargo, hay que permanecer alerta, ya que la eficacia de este tipo de productos disminuye a medida que se acumulan nuevas heces.

Las larvas prefieren permanecer en la parte superior del estiércol, por lo que el control disminuye en cuanto se acumulan unos 10 cm de excrementos nuevos, advirtió el Dr. Sievert.

A la hora de escoger el insecticida, el Dr. Sievert recomendó el uso de al menos dos clases diferentes de ingredientes activos para minimizar el riesgo de desarrollo de resistencias. Además, cuando se combinan adulticidas y larvicidas, resulta beneficioso rotar los ingredientes activos utilizados.

“Es importante revisar el tipo de sustancia activa y su mecanismo de acción y evitar escoger simplemente dos productos de nombre diferente que podrían pertenecer a la misma clase”, aconsejó.

“Las estrategias eficaces de control que emplean las mejores técnicas y tecnologías probadas disponibles son fundamentales para evitar las pérdidas económicas directas y los problemas graves de bienestar animal causados por estas moscas perjudiciales”, añadió.

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