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Relación de la coriza infecciosa aviar con otras infecciones respiratorias: 2

01 marzo 2016

Existen nueve serovariedades dentro de los tres serotipos de Avibacterium paragallinarum. Desde que se empezaron a producir las primeras vacunas inactivadas (bacterinas), fue evidente que la protección conferida estaba limitada al contenido de serotipos incluidos. (Segunda parte de una serie de dos artículos)

Conferencia de Miguel Ruano, Universidad de Delaware, EUA en el XXIV Congreso Latinoamericano de Avicultura, Guayaquil, Ecuador, septiembre de 2015.

La primera parte de esta serie trató con otras enferemedades respiratorias que complican el diagnóstico de la coriza infecciosa.

Esta segunda parte trata con el tema de las las fallas de vacunacion.

Fallas de la vacunación contra la coriza infecciosa

Para entender este complicado fenómeno, es importante empezar revisando los constantes cambios en la nomenclatura y taxonomía de este germen. La denominación inicial establecida por De Blieck en 1932, fue de Bacillus hemoglobinophilus coryzae gallinarum. Desde entonces, este organismo ha tomado las denominaciones de Haemophilus gallinarum, porque los estudios iniciales indicaron que para su crecimiento “in vitro”, requería de dos factores de crecimiento, el factor X (hemin) y factor V (NAD). Sin embargo, todos los aislados de 1960 a 1980 solo requerían del factor V, por lo que fue renominado como Haemophilus paragallinarum.

Inclusive, a partir de 1989, se empezaron a reportar aislados que no requieren ni del factor V de crecimiento, denominados NAD-independientes, de los cuales se pensó que podrían compartir diferente estructura antigénica que las cepas estándar NAD-dependientes y causar fallas en la vacunación. Más adelante esta hipótesis fue descartada.

Finalmente, Blackall et al. (2005), basados en estudios moleculares de ADN, lograron reclasificar este organismo como un miembro de la familia Pasteurellacea y asignar la nueva denominación de Avibacterium paragallinarum.

Serotipificación y emergencia de serovariedades

La primera clasificación fue establecida por Page en 1962, con el reconocimiento de 3 distintos serotipos (A, B y C) que representan 3 distintos inmunotipos. Este esquema de mucha utilidad práctica es basado en una prueba de hemaglutinación rápida en placa. En 1983, Kume et al., desarrolló un esquema de clasificación basado en una prueba de inhibición de la hemaglutinación que reconoció la presencia de 3 serogrupos I, II y III que mantienen correlación con los serogrupos de Page. En adición el sistema permitió caracterizar siete serovariedades.

Basados en estos estudios realizados durante los 1980, los científicos japoneses sugirieron que los aislados del serotipo B, de acuerdo con el esquema de Page, no correspondían a un verdadero serotipo sino a una variante de los serotipos A o C. Pronto esta hipótesis fue descartada y el serotipo B ha sido reconocido como un verdadero inmunotipo independiente. Ha sido aislado desde diferentes partes del mundo y Latinoamérica. En Ecuador, los primeros aislados del serotipo B fueron establecidos por Bragg en 1998.

En 1990, Blackall et al., propuso un sistema modificado al sistema de Kume, con el cual logró reconocer nueve serovariedades dentro de los tres serotipos A, B y C.

Existen cuatro serovariedades dentro del serotipo A (A-1, A2, A-3, A-4), cuatro dentro del serotipo C (C-1, C-2, C-3, C-4) y una dentro del serotipo B (B-1). Pero a pesar de todo este avance, algunos aislados de Ecuador aún permanecen no-tipiables por ninguno de estos sistemas.

Desafortunadamente, tampoco se dispone de un sistema basado en técnicas moleculares de ADN que permita establecer una consistente correlación entre serotipos y serovariedades con genotipos distintivos.

Protección cruzada y fallas en la vacunación

Desde que se empezaron a producir las primeras vacunas inactivadas (bacterinas), fue evidente que la protección conferida estaba limitada al contenido de serotipos incluidos. Aves vacunadas con vacunas monovalentes (con un solo serotipo), confirieron protección contra el desafío de la cepa homóloga pero no contra los otros serotipos.

Hay reportes que sugieren que aislados del serotipo B desde diferentes áreas geográficas, mantienen heterogenicidad antigénica para inducir parcial protección frente al desafío con cepas homólogas de diferente origen, lo cual podría complicar la formulación de una vacuna “ideal” que incluya aislados selectos de los 3 serotipos para inducir óptima protección cruzada.

Por otro lado, hay indicios de que dependiendo de la presión inmunitaria ejercida por las vacunas comerciales o autogénicas en uso, el esquema epidemiológico de campo podría cambiar en favor de otras serovariedades.

Vacunas comerciales formuladas con cepas estándar de los tres serotipos que pueden ser eficientes en un país o región, bien no podrían ser exitosas para controlar la enfermedad en otros países afectados con serovariedades diferentes a los contenidos en las vacunas.

Lo mismo ocurre con vacunas autogénicas, que pueden resultar eficientes hasta que aparezcan diferentes serovariedades en el área. Por lo tanto, solo el monitoreo constante de los niveles de protección de las aves vacunadas frente al desafío de recientes aislados de campo, constituye la prueba más confiable para evaluar la protección conferida por las vacunas.

Resumen

En resumen, el complejo de enfermedad respiratoria asociada con hinchazones de la cara, puede ser causado por diferentes agentes patogénicos. Es importante recordar que en operaciones con aves infectadas con Mycoplasma spp, se deberán re-evaluar las medidas de control y bioseguridad, ya que las aves infectadas siempre van a estar en desventaja para contraer otras infecciones primarias o secundarias, como para rendir por debajo de su potencial genético.

También es importante recordar que junto a un buen programa de bioseguridad, las buenas prácticas de manejo juegan un papel preponderante en el control y prevención de enfermedades, tanto como la utilización razonable de las medidas terapéuticas antimicrobianas.

Finalmente, el permanente monitoreo para asegurar la aplicación apropiada de las vacunas tampoco debe ser dejado de lado, sobre todo cuando se reportan incidentales “fallas de las vacunas”.

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