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¿Una nutrición especial para las aves enfermas?

30 agosto 2016

La pregunta que surge es: ¿tiene las mismas necesidades nutricionales un ave enferma que un ave sana?

Artículo de Alfred Blanch, Consultor de Addimus, España

En los últimos años ha ido creciendo la apreciación, entre los profesionales de la nutrición y salud avícola, sobre el requerimiento de adecuar la alimentación de las aves a su estado sanitario. En realidad, la pregunta que surge es: ¿tiene las mismas necesidades nutricionales un ave enferma que un ave sana?

En las aves, como en los otros animales, las enfermedades provocan un cambio radical en sus prioridades metabólicas, cambio asociado a la consiguiente respuesta inmunitaria, así como a la requerida reparación de los tejidos dañados.

En este sentido, la típica respuesta ante cualquier enfermedad acarrea, en mayor o menor grado, anorexia, un metabolismo generalmente incrementado, un aumento de la degradación y una disminución de la síntesis de proteínas en el músculo esquelético, una mayor utilización de glucosa, una desaminación de los aminoácidos que intervienen en la gluconeogénesis, la síntesis de la proteínas de fase aguda a nivel hepático, una mayor expresión de determinadas células del sistema inmune con necesidades energéticas elevadas o alteraciones en los niveles de microminerales, entre otras reacciones (Lochmiller y Deerenberg, 2000).

En definitiva, la respuesta inmunitaria, y sobre todo su fase aguda, exige combustible extra en términos de energía y nutrientes a niveles considerables.

El organismo animal ha desarrollado mecanismos encaminados a la movilización de las reservas de energía y proteínas (lipólisis, glucólisis y proteólisis) para suministrar el combustible necesario, a costa de una pérdida sustancial de peso corporal, si la enfermedad se prolonga en el tiempo o es severa.


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"Las grasas o aceites ricos en ácidos grasos omega-6 pueden perjudicar la recuperación del ave"


El uso de grasa no es recomendable

Así pues, una posible estrategia para afrontar estos cambios metabólicos a nivel nutricional sería aumentar la densidad energética de la dieta ante la bajada del consumo de alimento.

En estos casos, el uso de grasa como fuente de energía no es siempre la mejor decisión ya que el estrés inmunológico causado por la enfermedad disminuye el aprovechamiento de triglicéridos de la sangre (Butcher y Miles, 2002).

Además del nivel de grasa añadida a la dieta, la composición de la misma puede dificultar la recuperación de la salud del ave. Las grasas o aceites ricos en ácidos grasos omega-6 pueden perjudicar la recuperación del ave al ser éstos pro-inflamatorios, mientras que la adición a la dieta de aceites ricos en ácidos grasos omega-3, los cuales tienen un efecto antiinflamatorio, podría favorecer el restablecimiento de la salud (Korver y Klasing, 2001).

Sin embargo, también es cierto que se han observado mejoras en la respuesta inmune de pollos cuando se incrementa la energía metabolizable de su dieta un 20%, aumentando el nivel de inclusión de aceite de soja, rico en omega 6 (Yang y col., 2015).

Incrementando la energía con carbohidratos

Es bien sabido que los carbohidratos serían una buena opción para incrementar los aportes de energía en la dieta en caso de estar comprometida la salud del ave. Cuando el nivel de energía de la dieta de pollos con estrés inmunológico se aumenta aproximadamente un 12% por encima del nivel recomendado por el NRC, añadiendo fuentes de carbohidratos como almidón de maíz o caseína a la dieta, se supera el retraso en el crecimiento producido por dicho estrés inmunológico (Benson y col, 1993).

Productos a base de glucosa

Actualmente se está extendiendo el uso en avicultura de productos a base de glucosa, como principal fuente de energía, destinados al agua de bebida. Ello permite reaccionar ante los primeros síntomas de la enfermedad aportando una fuente de energía rápida.

De esta manera, cuando se añaden durante algunos días preparados a base de glucosa y otros nutrientes al agua de bebida de aves enfermas con síntomas de inanición, se suele observar rápidamente una mejora en la respuesta inmunitaria y la pronta recuperación de los animales (Hadri y col., 2004).

Importancia de los aminoácidos

Es importante señalar que un mayor aporte de energía, bien a través del agua de bebida o bien a través del pienso, debería ir acompañado de un incremento en la suplementación de determinados aminoácidos para evitar un desequilibrio entre energía y proteína. Además, casi todos los mecanismos de defensa disponibles en el arsenal inmunológico del ave requieren suministros significativos de aminoácidos.

De acuerdo con ello, se ha demostrado que aportes de algunos aminoácidos, como la lisina (Bouyeh, 2012), la metionina y la valina (Butcher y Miles, 2002), la arginina (Jahanian, 2009), la treonina (Wils-Plotz y col., 2013) o incluso de todos los aminoácidos no esenciales (Wu, 2014), más altos que los necesarios para maximizar el crecimiento y la eficiencia alimenticia, benefician la respuesta inmune y la recuperación de la salud de las aves.

Aportes de vitaminas y minerales

Además de los niveles de energía y aminoácidos, también los aportes de vitaminas A, E, C y B6, así como los de zinc, cobre o magnesio, entre otros nutrientes, deberían ser revisados al alza cuando se trate de reforzar las defensas de las aves enfermas (Korver y Klaising, 2001; Butcher y Miles, 2002, Gajula y col., 2011).

En cualquier caso, cada vez más, el trabajo coordinado entre los responsables de producción, los nutricionistas y los veterinarios clínicos será indispensable para implementar las modificaciones nutricionales necesarias en el marco de una gestión integral de la salud de las aves.

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