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Puntos críticos en la crianza de pollo de engorde desde la segunda semana

13 septiembre 2016

El pollito solamente se convierte en pollo con 21 días de vida y su aparato fisiológico está en formación hasta esa edad.

Conferencia de Marcus Briganó, Cobb-Vantress Sudamérica, durante el Seminario Internacional de Pollo de Engorde - AMEVEA, Bogotá, Colombia, en mayo de 2016.

Después de la primera semana, se hace necesarios algunos cuidados aún hablando de manejo inicial. Eso se pasa porque el pollito solamente se convierte en pollo con 21 días de vida y su aparato fisiológico está en formación hasta esta edad.

Entre las principales necesidades del pollo desde los 7 hasta los 21 días, tenemos la formación del sistema cardiorrespiratorio y el sistema esquelético, ya que órganos digestivos e inmunológicos tuvieran su formación básica en la primera semana de vida.

Después de esta fase, es importante tener idea que el pollo se convierte en otro animal, con necesidades muy distintas de aquellas que tenemos en las tres primeras semanas de vida, por eso, la manera como trabajamos con esos animales también debe ser distinta.

Temperatura y velocidad de aire

Es  de crítica importancia la relación entre temperatura deseada y velocidad de aire en diferentes fases de la crianza.

El control térmico para los pollos es un punto fundamental para el correcto desarrollo del ave. Ese control debe ocurrir en todas las fases de la crianza y debe respetar algunos factores involucrados con el comportamiento del ave.

El primer punto es que, en teoría, el ave solamente se convierte en un animal homeotermo después de los 21 días de edad, por eso se hace necesaria la preocupación con el calentamiento hasta esa fase.

Pero, un punto que genera muchas dudas es como controlar la temperatura en la segunda y tercera semana de vida cuando el ambiente es muy caliente.

Es importante tener en cuenta que, debido a la grande exposición de la piel de pollo, el mismo es muy sensible a excesos de velocidades de aire. La velocidad puede ser utilizada, pero debemos observar el lote para que sepamos cual debe ser el límite de ventilación para que la misma no interfiera en la actividad de consumo del ave.

Hasta los 21 días, hay una tolerancia un poco mayor con el calor, ya que la facilidad de pérdida de temperatura y la dificultad en producción térmica hace que el ave llegue a un punto de estrese por calor solamente en situaciones más extremas.

Después de la fase inicial, principalmente después de los veintiocho días, con la cobertura de plumas completa, con un mayor consumo de alimento y con la madurez de la fisiología del ave, la interferencia de la ventilación pasa a ser más necesaria y muchas veces es la diferencia entre los mejores y peores resultados.

El ave, utiliza básicamente cuatro herramientas para el control de su temperatura: la
irradiación, la conducción, la convección y la respiración.

La irradiación es la pérdida de calor que ocurre, por el aire, entre un cuerpo caliente para un ambiente más frio, independiente de la velocidad de aire utilizada.

La convección es la pérdida de calor influenciada por la velocidad de aire, o sea, cuanto mayor la velocidad, mayor es la pérdida por convección. La conducción es el cambio de calor que ocurre entre dos cuerpos que tienen contacto físico. Y la pérdida por respiración ocurre mientras el ave jadea en un ambiente más caliente que el ideal.

 Una de las principales misiones en la crianza de pollo es evitar que el pollo jadee. Ya que, cuando eso ocurre, el ave está sacando energía que sería utilizada para la ganancia de peso para mantener la temperatura del cuerpo, haciendo que se tenga una peor conversión alimentar.

En las fases finales (después de los 28 días), al contrario que en las fases iniciales, la primera estrategia para mejorar el confort del ave debe ser la velocidad del aire.

Cuando trabajamos con ventiladores, tener la proporción de un equipo para cada sesenta metros cuadrados es importante para que no se tenga una gran variación entre los más variados puntos de la granja.

En casos de granjas de ambiente controlado, el potencial máximo de velocidad de aire debe ser proporcional al peso del ave que se tendrá en la granja, cuanto más pesados los pollos, mayor debe ser el potencial de velocidad. Como referencia, la sugerencia es que para pollos de hasta 2,0 kg hay que tener 2,5 m/s, de 2,0 hasta 2,6 kg hay que tener 3,0 m/s y más que 3,0 kg el ideal es tener 3,5 m/s. 

La humedad como método de control térmico

La utilización de humedad como método de control térmico y impacta la fisiología del ave y la calidad ambiental.

La utilización de la humedad como herramienta de control térmico es muy común, pero tener en cuenta su relación con las estrategias fisiológicas del pollo, como también su utilización, interfiere en otros puntos importantes dentro del manejo del pollo. Es vital que tengamos lo mejor resultado posible.

Los mayores retos ambientales presentes en una granja de pollo de engorde son dados por los propios pollos. Los pollos son los grandes productores de calor y también de humedad.

Alrededor de un 80% del calor que tenemos en una granja es producido por el proprio pollo y cerca de un 80% del agua consumida por el ave vuelta para el ambiente y debe ser sacada por nuestros procesos de manejo.

En climas cálidos es muy común la utilización del agua a través de los nebulizadores o los paneles húmedos como herramienta para controlar la temperatura. Eso es un manejo posible, pero debe ser hecho con criterio ya que la utilización prematura y/o demasiada de la humedad genera problemas de calidad de la cama y de confort de las aves.

Ya fue dicho que los excesos de velocidad de aire en fases iniciales son dañinos para el consumo del pollo hasta los 21 días de edad, por eso, algunos profesionales utilizan el agua para ese control y mantener el confort del ave. La utilización de la humedad como forma de bajar la temperatura va, poco a poco, perjudicando la calidad de la cama y directamente también empeora la calidad del pollo.

Camas muy húmedas complican mucho el manejo del pollo, porque hay mayor incidencia de lesiones de garras y piel, como también una contaminación ambiente mayor, ya que la mayor actividad de agua en la cama predispone una mayor multiplicación bacteriana e incidencia de enfermedades, principalmente intestinales.

Otro punto, que muchas veces pasa desapercibido, es que camas más húmedas producen más calor debido a la mayor fermentación que ocurre en estas situaciones.

En las fases finales, como ya se ha dicho, se debe tener en cuenta que el ambiente es naturalmente
caliente y húmedo, por eso, la utilización de humedad debe obedecer ciertos criterios.

El criterio principal es que el ave no logra obtener una pérdida de calor ideal cuando está en ambientes más húmedos. Cuando el ave pierde temperatura corpórea a través del proceso de respiración, lo hace perdiendo vapor de agua para el aire externo. Si la humedad ambiental es muy alta, el gradiente de humedad entre el cuerpo del ave y el aire externo es muy bajo, haciendo que tanto el agua como el calor se mantengan en el pollo, no haciendo la pérdida necesaria para evitar el proceso de estrese térmico.

Como referencia, tener cuidado si la humedad relativa del aire ultrapasa los 75%.

Planes de iluminación 

El ave, en general, tiene una mayor capacidad de percepción de los distintos espectros de luz que los seres humanos. Este componente es un factor extremadamente importante para el desarrollo y la maduración sexual en el ave en períodos pre reproductivos.

En pollos de engorde más concretamente, por tener un corto ciclo de vida, la luz tiene aspectos más limitados en su desarrollo corporal, ya que será faenado antes de llegar a la edad donde tendría su capacidad de respuesta a luz.

La luz para el pollo, tendrá básicamente la función de control de la actividad, que viene por la modulación de la excreción de hormonas que se producen en etapas específicas del sueño de las aves.

Es importante saber que el ave necesita un número mínimo de horas de sueño para que tenga un perfecto desarrollo de los sistemas básicos (cardiorrespiratorio y esquelético), ya que el sueño se produce sólo con una oscuridad apropiada.

La primera semana de vida se caracteriza por el crecimiento de los órganos del sistema digestivo y sus órganos adjuntos, tanto que el consumo de alimentos y del agua debe ser lo mayor posible. En ese momento, la cantidad y la intensidad de la luz es esencial. Este rápido desarrollo es básicamente en la primera semana.

Desde el final de la primera semana hasta el final de la tercera, los sistemas cardiorrespiratorios y esqueléticos son prioridad y para que eso ocurra la cantidad de descanso es muy importante, ya que para que este desarrollo se produzca, la liberación de hormonas como la GH, la calcitonina, testosterona, entre otros, será mayor durante el sueño.

Otra consecuencia hormonal importante será la reducción de la triyodotironina 3 o T3, responsable, entre otras cosas, por la actividad de las aves. Por lo tanto, con la disminución de T3 debido al sueño adecuado, las aves son más tranquilas.

Al final de la tercera semana, todos los sistemas básicos (gástrico, esquelético y cardiorrespiratorio) se forman, entonces el ave está lista para tener una aceleración de su crecimiento muscular que es directamente responsable por la ganancia de resultado. Así que en esta etapa comenzamos el aumento de las horas de luz para que se produzca un mayor consumo.

Un aspecto importante para el programa de luz es que siempre se iniciará al mismo horario y en bloques. Esto es necesario, ya que facilita la adaptación de las aves con el programa de luz. El programa de iluminación puede ahora comenzar en el segundo día de alojamiento.

En la primera semana se da sólo una hora de oscuridad, desde la primera semana priorizamos el consumo máximo de alimento y comenzamos el programa con mayor oscuridad solamente después que se logra el desarrollo inicial adecuado.

En las granjas tipo blackout, también es posible controlar la intensidad de la luz. El control de la intensidad de la luz, asociada con el plan correcto, generará aves más tranquilas y con la tendencia a obtener mejores índices de conversión alimentar, así como menores perdidas con rasguños en el canal.

Para que tengamos un mayor consumo en la primera semana se necesita niveles mínimos de luz. La recomendación es tener al menos 25 lux durante este período. En las fases siguientes, la sugerencia es disminuir la intensidad de luz y que esta se mantenga hasta el final del lote. Se sugiere intensidad entre 3 y 5 lux.

Más importante que la intensidad de la luz correcta, es la uniformidad de la luz. Las granjas con desuniformidad de luz generan una mayor dificultad en mantener un crecimiento uniforme de las aves ya que habrá aves sometidas a distintas intensidades que tendrán distintas actividades y consumos.

Idealmente, la intensidad de la luz en las regiones más claras es como máximo 50% mayor que la intensidad de la luz en las regiones más oscuras.

Conclusiones

Dentro del proceso del manejo intermediario y final tenemos diversas necesidades. La principal, sin duda, es mantener el pollo con consumos y conversiones ideales. Para eso tener en cuenta los factores ambientales involucrados en el proceso es fundamental.

Existen aún muchas dudas con relación a ideal velocidad del aire utilizada para el pollo de engorde en las distintas fases de la crianza y eso, muchas veces, promueve errores de cómo se mantienen las condiciones de mejor confort para el ave.

Tener los equipos ideales siempre ayuda, pero más importante es el conocimiento de la fisiología del ave y sus necesidades en situaciones específicas.

Los planes de luz son importantes, pero no es la primera actitud cuando se habla de manejo, independiente de la edad. La prioridad en manejo debe ocurrir en las ideales condiciones de temperatura y saque de humedad.

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