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Uso responsable de los antibióticos

19 diciembre 2016

Se presenta la información más reciente sobre el uso de antibióticos.

Conferencia del Dr. Cesar Lopes, Phibro, Brasil en el VII Congreso CLANA (Colegio Latinoamericano de Nutrición Animal), celebrado en México en octubre de 2016.

Durante el siglo XX, los países experimentaron cambios sociales y culturales que ocurrieron de forma más rápida que en siglos anteriores. Hubo una inmensa migración de personas del campo hacia la ciudad, en busca de mejores oportunidades y condiciones de educación, salud y asistencia social.

Dicha migración generó una serie de cambios y comportamientos, dos de los son de gran importancia.

El primero de estos cambios es bastante evidente y se refleja en la realidad actual. Se refiere, básicamente, al hecho que nuestros bisabuelos tenían al menos cierta familiaridad con la crianza de animales para producir carne, leche y huevos, mientras que la mayoría de las personas que forman parte de la sociedad actual jamás ha tenido siquiera la oportunidad de estar frente a una vaca o a un pollo. No conocen la diferencia entre un pollo de engorde y una gallina ponedora, o entre el ganado lechero y el de carne, etc.

El segundo cambio se refiere a dicha falta de conocimiento sobre producción animal. Además de obtener su información a través de las redes sociales, que evidentemente reciben más influencia de quien vive en las ciudades, el público en general, normalmente, está expuesto a información que no proviene de los productores. Al contrario, se trata de información generada por personas de áreas no involucradas con la producción animal, quienes, en su gran mayoría, también pertenecen al medio urbano.

Uno de los ejemplos más absurdos es el mito de que las ‘gallinas’ o pollos reciben inyecciones de hormonas para ‘engordar’. Suponiendo que existiera algún tipo de hormona para aves, ¿se podría llegar a sospechar que los productores, ocultándose durante la noche, lograran inyectar más de 110 millones de toneladas (1) de pollos con hormonas, que ni siquiera existen?

De todos modos, esta enorme masa urbana representa la mayoría de los consumidores y está desinformada sobre la producción de proteínas de origen animal. Dicha desinformación puede surgir por intereses legítimos, cuando se refiere a la calidad y seguridad de lo que consumen las familias, o por intereses económicos, no tan legítimos.

Principales usos de los antibióticos en animales

Los antibióticos se utilizan tanto para humanos como para animales. Sin embargo, mientras que para los humanos su uso es profiláctico en algunos casos y terapéutico en la mayoría, el uso de antibióticos en animales es tanto profiláctico como terapéutico y para la mejora del desempeño.

Actualmente, la mayoría, sino todos los antibióticos mejoradores del desempeño, han recibido la autorización de diferentes organizaciones como, por ejemplo, ‘Codex Alimentarius’ de la Organización Mundial de la Salud, y de agencias gubernamentales en Canadá, Estados Unidos, Australia y Japón, entre otros.

Pese a que su uso no está permitido por parte de los productores europeos para mejorar el desempeño, la propia Agencia Europea de Medicamentos ha establecido el llamado Límite Máximo de Residuos (Maximum Residue Limit – MRL por su sigla en inglés) para dichos productos. O sea, siempre que se usen correctamente, dichos productos son seguros para los animales, para el medio ambiente y para los seres humanos.

Origen del uso de antibióticos para mejorar el desempeño

Una gran parte de los antibióticos se produce a través de procesos de fermentación. Un determinado microorganismo, capaz de producir naturalmente cierto antibiótico, se reproduce en medio de cultivo con proteínas, azúcares, aminoácidos, minerales, grasa e ingredientes específicos, para generar el material llamado micelio. Al final del proceso, el micelio es concentrado para poder separar la parte activa, que contiene el antibiótico, de la parte de nutrientes no consumida por los microorganismos.

Hasta principios de la década de 1950, los antibióticos disponibles eran básicamente la penicilina, las tetraciclinas, la estreptomicina y el cloranfenicol. Todos ellos eran derivados de fermentación, por lo cual se comenzó a usar el micelio restante de la fermentación para agregarle más nutrientes a la dieta de los animales.

Se observó, sin embargo, que el efecto de los micelios de la penicilina y de las tetraciclinas sobre el desarrollo de porcinos y aves era mayor que lo que se esperaba por efecto de la adición de los nutrientes aún presentes en el micelio. Surgió así la expresión ‘promotores del crecimiento’, expresión ésta que, pese a haber sido erróneamente bautizada, ya ha sido consagrada.

Con el pasar del tiempo y con el desarrollo de nuevas moléculas, se empezaron a usar otras substancias para mejorar el desempeño, como, por ejemplo, nitrofuranos, quinoxalinas, nuevas tetraciclinas y penicilinas, etc.

Debido a la preocupación de que el uso en animales pudiera generar bacterias resistentes a dichos antibióticos, y que se pudiera transferir esa resistencia a las bacterias causadoras de enfermedades en humanos, en la década de 1960, se elaboró en el Reino Unido el informe llamado ‘SWANN Report’.

Dicho documento recomendaba que el uso de los mejoradores del desempeño en el Reino Unido debía estar limitado a antibióticos que:

- Representen significativa ventaja económica para el crecimiento de los animales.

- Tengan poca o ninguna aplicación en terapéutica humana o animal

- No perjudiquen la eficacia de drogas terapéuticas por el desarrollo de cepas resistentes.

- Se sugería que residuos de antibióticos en las carnes no perjudicarían la salud humana.

- Se recomendaba que se interrumpiera el uso de drogas como tetraciclina, tilosina y sulfonamidas como mejoradores del desempeño.

Dicho informe sirvió de base para la legislación europea de la Directiva 70/524 que, en 1970, listó varios compuestos usados como aditivos de alimentos para animales, inclusive los antibióticos de la época, sus dosis, su modo de uso y demás detalles.

Como se puede observar en las páginas publicadas por autoridades como la Comunidad Europea, el Codex Alimentarius, Japón y otras entidades encargadas de confirmar la seguridad del uso de los productos que son inclusive normalmente encontrados en América Latina, y dado que los países de nuestro continente son miembros del Codex Alimentarius, el uso de las substancias aprobadas como mejoradores del desempeño es seguro para los consumidores.

Consecuencias de la prohibición de los mejoradores del desempeño

Desde 1986, cuando Suecia decidió prohibir el uso de antibióticos mejoradores del desempeño en su territorio, diversos países comenzaron a evaluar se ésta sería una política correcta para proteger la salud de la población. Con el ingreso de Suecia a la Comunidad Europea a fines de la década de 1990, y siguiendo la regla observada en dicha comunidad, aunque de forma parcial, los demás países también adoptaron dicha medida. Restaron así pocas moléculas que podían ser usadas para mejorar el desempeño.

La etapa siguiente sería la prohibición inclusive de los anticoccidianos, que nada tienen que ver con mejora del desempeño. Sin embargo, al observar que sería prácticamente imposible controlar enfermedades intestinales, como la enteritis necrótica, sin algunos de los mejoradores del desempeño al mismo tiempo que sin usar anticoccidianos, solamente el último mejorador del desempeño fue retirado del mercado en 2006 y los anticoccidianos permanecieron.

De todos modos, después de tantos años de críticas por parte de la prensa y con el público expuesto al miedo a través de la información incorrecta, la presión contra cualquier producto considerado ‘químico’ o ‘no natural’ se tornó inmensa y el uso de nuevas tecnologías se hizo cada vez más difícil.

Solo recientemente se le informó al público sobre el efecto de la reducción de productividad de los hatos de ganado en Europa por diversos motivos, entre los cuales, la limitación al uso de nuevas tecnologías que incluyen los mejoradores del desempeño. Debido al aumento en los costos de producción, en 2003, cada cabeza de ganado en Europa pasó a recibir un subsidio diario de £ 2,62 libras, acumulando así un total de £10,7 mil millones de libras recibidas por los productores europeos anualmente.

El uso responsable de los antibióticos en animales

Debemos tener en cuenta que, además de mejorar el desempeño de los animales, diversas substancias ya aprobadas también reducen el consumo de alimento (menor gasto de energía y combustible, menos desechos y menos metano en la atmósfera). En el ámbito de la propia Comunidad Europea, pese a que no se permite el uso, por ejemplo, de monensina para los bovinos, estudios locales han demostrado que, si se aplicara en solamente cuatro países de la Comunidad, el uso de monensina en bovinos reduciría el volumen anual de emisión de metano entre 140 y 190 millones de metros cúbicos (CEAS, 1991).

Aun considerando todos los argumentos anteriormente mencionados a favor del uso de antibióticos mejoradores del desempeño, es indispensable que dichas substancias sean usadas correctamente. En los últimos años ha aumentado la preocupación referente al aumento de resistencia a los antimicrobianos usados en humanos y su relación con el uso en animales.

La OMS, OIE, el Codex Alimentarius y varios gobiernos se han empeñado en recomendar lo que se ha dado en llamar el ‘uso responsable de antibióticos en animales’. La mejor forma para que nuestros productores sigan usando esas substancias se da a través del uso responsable.

Se puede observar el esquema recomendado y considerado modelo de la OIE, en la página web:

http://www.oie.int/fileadmin/home/esp/Media_Center/docs/pdf/PortalAMR/ES_InfographieAMRLR.pdf

Conclusión

El uso de mejoradores del desempeño es seguro y aporta beneficios, tanto para los animales, como para los consumidores y el medio ambiente. La decisión sobre el uso de cada categoría de productos se debe tomar con base en evaluaciones científicas, como, por ejemplo, las evaluaciones existentes para antibióticos mejoradores del desempeño. Las decisiones deben tomar como base reglamentos que sigan instituciones de carácter neutro y alcance mundial, como es el caso del Codex Alimentarius.

Hay varias opciones de otras categorías con indicaciones similares, como, por ejemplo, los probióticos, prebióticos, extractos y aceites vegetales, o acidificantes.

Referencias

1.  FAO – mayo, 2015

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