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Avicultores denuncian competencia desleal hondureña

29 octubre 2013

NICARAGUA - A pesar de los buenos resultados obtenidos por la industria avícola del país con un aumento del 10% en la produccion, ésta se ve afectada por el excedente de huevo de Honduras.

Julio Leiva, a pesar de ser dueño de una empresa que reporta ventas cercanas a los C$60,000 diarios, se levanta todos los días antes que salga el sol, para asegurarse que todo funciona bien en la granja avícola ‘Yema de Oro’.

Se asegura de que cuando el personal comience a llegar efectúen de forma apropiada el proceso de esterilización que deben seguir cada día. A veces, eso implica que tengan que bañarse de nuevo. En otras ocasiones, basta con que se cambien de ropa y se vistan con los uniformes que les da la empresa. Los trajes nunca salen del lugar, informa El Confidencial.

No es que Leiva esté obsesionado con la limpieza, sino que tiene que asegurarse de mantener a sus 140,000 gallinas, lejos de los gérmenes y la contaminación que pueden acarrear consigo los humanos, porque cualquier epidemia aviar le generaría una catástrofe económica.

Así como él, todos sus colegas (un poco menos de 140 grandes, medianos y pequeños productores de huevos afiliados a la Asociación de Pequeños y Medianos Productores Avícolas de Nicaragua (Apemepan), la Asociación Nacional de Avicultores y Productores de Alimentos (ANAPA) y la CNH, o Comisión Nacional del Huevo), tienen que seguir el mismo ritual si quieren seguir activos en un rubro que enfrenta muchas dificultades.

“A pesar de la importancia que tiene nuestro sector como productor de un alimento barato y nutricionalmente completo, tenemos tantos problemas, en especial, en el tema de los precios", asegura el productor Alfonso Valerio, vocero de la CNH.

Los productores de huevos tienen años de estar quejándose de la competencia desleal que enfrentan por parte de sus colegas hondureños, cuyos excesos de producción se venden en los mercados nicaragüenses a bajo precio, pero también con muy poca vida útil.

El resultado es que terminan deprimiendo los precios del huevo local, no sólo por el aumento de la demanda y los bajos precios, sino porque el consumidor local deja de comprar huevos cuando el producto comienza a descomponerse. Para entonces, el huevo hondureño ya salió del mercado, y quien sufre las consecuencias es el productor nacional.

“El huevo que viene de Honduras es el que los supermercados no pudieron vender, por lo que los productores lo recogen y lo mandan a Nicaragua, en vez de destruirlo y enterrarlo”, explica Leiva.

Eso ha llevado a que en ocasiones, los productores hayan tenido que vender la cajilla “por debajo de su costo de producción, o a lo sumo, exactamente dentro del punto de equilibrio”, explica Donald Tückler, Director Ejecutivo de ANAPA.

Si bien el destino lógico de una empresa que se ve obligada a vender por debajo de sus costos de producción es la descapitalización hasta la probable muerte, las características del sector avícola mismo, se constituyen en un mecanismo de protección en contra de esos embates comerciales. Esa es la razón principal por la que pueden seguir produciendo, aunque a veces pierdan dinero.

“La ventaja es que no todas las 140,000 gallinas que tengo están poniendo a la vez. Hay unas 90,000 que están en su periodo de productoras, y varios miles más que están creciendo para tomar su lugar cuando les llegue el momento del descarte, de modo que siempre hay una proyección de producción futura con la que puedo contar”, explica Leiva.

A finales del 2006, luego de amplias discusiones con las que el gremio buscaba cómo incrementar el consumo de huevos, los productores crearon la CNH con la misión de lograr que Nicaragua dejara de ser el último país de América Latina en consumo de huevos por persona al año.

En ese momento (finales del 2006, inicios del 2007), los productores avícolas del país reportaban un censo de 900,000 gallinas ponedoras que completaban entre 29,000 y 30,000 cajillas al día, o sea, un poco más de 323 millones de unidades al año. A octubre del 2013, se reportan 1.8 millones de ponedoras que llenan 50,000 cajillas diarias, para un total de 547.5 millones al año.

Con ello, el consumo anual pasó de 58.7 a 89.3 unidades per cápita, lo que implica que, en promedio, cada habitante se come un huevo cada 4 días. Su distribución implica mover un ejército de trabajadores en una flota enorme de vehículos, que son necesarios para abastecer unas 35,000 pulperías, amén de decenas de mercados de todo el país.

Toda esa ‘orquesta’ funcionando cada día, implica 14,000 empleos, entre directos e indirectos.

Solo la granja avícola ‘Yema de Oro’, propiedad de Julio Leiva, produjo un promedio diario de 2,700 cajillas de huevos de 30 unidades cada una, a lo largo del 2012. Ese promedio se elevó hasta las 3,000 cajillas a lo largo del 2013, y debería acercarse a las 3,300 en el 2014 “si el mercado lo permite”, asegura el granjero.

A pequeña escala, esa es la misma historia del gremio a escala nacional, que producía 29,000 a 30,000 cajillas al día entre 2006 y 2007. Gracias a un esfuerzo sostenido de producir más –a la vez que se incentivaba la demanda- Nicaragua dispuso de 45,000 cajillas diarias en el 2012, promedio que se elevó hasta casi las 50,000 en el 2013.

“Esperamos mantener ese ritmo de crecimiento en el 2014”, revela Donald Tückler, Director Ejecutivo de ANAPA, aunque para ello aún tienen que derrotar a la ‘bestia negra’ del gremio: el contrabando de huevos provenientes de Honduras.

Según una tesis que también comparte Alfonso Valerio, dueño de la avícola ‘Guadalupe’, el problema está dado por las invasiones temporales de producto catracho de descarte, que entra a los mercados nacionales a un precio con el que no se puede competir, porque el productor hondureño prefiere venderlo a menos de la mitad de su precio real, con tal de no perderlo todo.

El efecto en Nicaragua es que “el consumidor compra un producto al que sólo le quedan unos pocos días antes de caducar; el productor se encuentra con que no puede competir en precios con un producto que entró de contrabando, mientras el comerciante hace un gran negocio, al comprar una cajilla de huevos en C$30 y venderla en C$50”, explican Tückler y Valerio.

Los agremiados explican que no se trata sólo de las afectaciones que pudieran sufrir 134 productores y las personas que trabajan con ellos.

“Afectar a este rubro, significa no sólo poner en riesgo una industria que posee una infraestructura valorada en US$60 millones, sino también a otros sectores que nos proveen de insumos”, explica Valerio.

Se refiere al hecho que la industria avícola compra el 100% de la producción nacional de sorgo, así como importantes cantidades de maíz amarillo, harina de carne y hueso, semolina de trillos de arroz, grasas y aceites, soyas, calcio, sal, salvado y trigo, “cuyos proveedores se verían afectados si se afecta al huevo”, sentencia.

Del equipo de redacción de ElSitioAvícola



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