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Los niveles de ooquistes proporcionan información sobre la eficacia del control de la coccidiosis

La práctica de dar seguimiento a los conteos de ooquistes en el campo puede ayudar a proporcionar información valiosa sobre la eficacia del control de la coccidiosis, dijo la Dra. Linnea Newman, veterinaria de servicio de capo de Intervet/Schering-Plough Animal Health.

Cada tipo de control de coccidiosis –trátese de un programa dual con anticoccidiales ionóforos y químicos, sólo ionóforos o con el uso de una vacuna– produce un patrón único de diseminación de ooquistes, dijo la Dra. Newman. Los estudios realizados con pollos en corrales experimentales demostraron que los programas duales con productos ionóforos y químicos generalmente permiten un nivel máximo de diseminación de ooquistes entre las 4 y 5 semanas de edad, mientras que los programas sólo con ionóforos lo hacen un poco antes, generalmente alrededor de los 28 días y esto sucede todavía antes cuando los pollos se vacunan contra la coccidiosis, pues el pico de diseminación es de los 19 a 22 días de edad.

Para determinar cómo se comparan los resultados de los estudios realizados en corrales con la experiencia de la vida real, la Dra. Newman realizó conteos aleatorios pero secuenciales de ooquistes en las heces durante un período de 2 años en galpones avícolas, cada 3 días, comenzando a los 7 días de edad. El gran volumen de datos recolectados durante este período de estudio da credibilidad a los resultados, explicó y agregó que “es muy sencillo, mientras más muestras recolectemos más significativos serán los números”.

La investigadora encontró que, aun cuando la vacunación arrojó los mayores niveles de ooquistes entre los 19 y 22 días (y lo mismo ocurre en los pollos en corral), los niveles máximos en el campo son considerablemente inferiores que los observados en los corrales de investigación. “Cuando se utiliza una vacuna y los pollos se inician en medio galpón o en el área completa, los niveles de ooquistes no se concentran tanto como ocurre en un pequeño corral de prueba. Encontraremos cantidades más razonables de ooquistes que producirán un buen control de la coccidiosis”, explicó la doctora.

También encontró que en clima seco se tienden a observar conteos más bajos de ooquistes, lo cual no nos debe causar sorpresa, pues bajo esas condiciones la esporulación de los ooquistes es mucho menor.

El papel del manejo

La conferencista subrayó que los métodos que se utilizan para manejar a las aves en el campo tienen efectos significativos y a veces incluso incrementan los niveles de ooquistes, independientemente del método de control que se utilice. “No considero a la coccidiosis como un desafío que ocurre una sola vez”, explicó. “El manejo en el campo con el tiempo afectará el comportamiento de los parásitos del género Eimeria”. La densidad de las aves, los sistemas de crianza, el empleo de cama nueva o usada, la época del año y el clima árido vs. clima húmedo son, todos ellos, factores que pueden afectar los conteos de ooquistes, enfatizó.

En Canadá y en la región norte de EE.UU., por ejemplo, la mayoría de los avicultores cambia la cama después de cada parvada o bien lo hacen cada año. Las cantidades de ooquistes en las aves manejadas bajo programas duales con compuestos ionóforos y químicos tienden a presentar la diseminación de ooquistes más tardíamente de lo esperado. Sin embargo, la Dra. Newman con frecuencia ha descubierto conteos mucho más altos de lo esperado en galpones limpios, debido a una reducción en la sensibilidad de estos parásitos a los productos anticoccidiales.

Ante tales situaciones, los avicultores pueden correr el riesgo de hacer el cambio al alimento de retiro no medicado, precisamente cuando los niveles del desafío son más elevados y el resultado puede ser el desarrollo de irritación del intestino relacionada con coccidias. Aun cuando estas lesiones tal vez no desencadenen signos obvios, la investigación ha demostrado que pueden impactar significativamente la utilización del alimento y reducir las utilidades.

En México, donde el pollo pigmentado representa la mayor parte del mercado, la coccidiosis tardía puede producir problemas significativos, de acuerdo con la Dra. Newman. Esto es particularmente cierto a grandes alturas donde el consumo de alimento y, por ende, la ingesta de los anticoccidiales pueden declinar hacia el final del ciclo de engorde. La investigación ha demostrado que los problemas de coccidiosis tardía en México con frecuencia se pueden vincular con pérdida en la sensibilidad a los anticoccidiales, más que con el desarrollo de una resistencia verdadera. Estos problemas pueden producir inconsistencias en el rendimiento y en la pigmentación de las parvadas.

En algunas integraciones se utiliza el enfoque de la “inmunidad natural”, junto con los ionóforos, para desarrollar a los pollos sobre cama reutilizada (“cama caliente”) durante períodos prolongados, a veces hasta de 5 años, explicó. El problema con esta práctica es que también se ve afectada por factores de manejo tales como la densidad de las aves, los sistemas de crianza y las fluctuaciones en la temperatura y la humedad, lo que puede generar resultados inconsistentes, según argumentó. Por ejemplo, inmediatamente antes de la rotación, los anticoccidiales tienden a ser razonablemente efectivos, pero hacia el final del período de rotación, esto se va perdiendo.

Para subrayar este punto, la Dra. Newman hizo notar datos históricos que demuestran que cuando se utilizaron por primera vez los anticoccidiales químicos clopidol y diclazuril, produjeron un control prácticamente completo, con resultados espectaculares de rendimiento. Pero al igual que todos los programas con anticoccidiales, el desarrollo de resistencia aminoró sus efectos con el tiempo.

Búsqueda de consistencia

Los productores tienen el problema de la permanencia de las coccidias de una parvada a la siguiente. Los programas a base de anticoccidiales retrasan el pico de diseminación de ooquistes hacia el final de la vida de la parvada, momento en que las poblaciones de ooquistes son altamente resistentes a la limpieza y la desinfección, y ejercen más presión sobre el programa anticoccidial en la siguiente parvada. Esto acelera la pérdida de sensibilidad a los fármacos y da como resultado picos más elevados de ooquistes.

Para la Dra. Newman, la clave del éxito en la producción del pollo de engorde es el establecimiento de una estrategia que sea tanto consistente como sustentable. Una manera de lograrlo, dijo, es el uso de vacunas elaboradas con coccidias vivas, que ayudan a adelantar gradualmente el desafío coccidial hacia épocas más tempranas del ciclo de producción, reduciendo el acarreo de poblaciones de ooquistes de una parvada a la siguiente. “Cuando se utiliza una vacuna, con el tiempo los conteos de ooquistes se reducen y se estabilizan, por lo que terminamos con un programa repetible y sustentable”, expresó.

Muchos avicultores utilizan vacunas contra la coccidiosis con una base rotativa para ayudar a sembrar sus naves con ooquistes sensibles y restablecer la potencia de los anticoccidiales. Aun cuando este enfoque es popular en a industria y tiene méritos, no siempre es consistente ni sustentable, dijo la investigadora. “Una vez restablecida la sensibilidad, los anticoccidiales trabajarán muy bien, pero este proceso es reversible. Los conteos de ooquistes nuevamente se elevarán hacia el final del ciclo de producción y aumentará la resistencia”, insistió. “Entonces, al comenzar a utilizar la vacuna nuevamente, tiene que volver a trabajar para movilizar el desafío coccidial a etapas más tempranas del ciclo del crecimiento”. Un programa estable de inmunidad temprana puede proporcionar mejor consistencia en el rendimiento el año entero que los programas rotativos.

Resumiendo, la Dra. Newman enfatizó que para seguir siendo competitivos en el apretado mercado actual, es necesario que los avicultores hagan todo lo posible por elevar al máximo sus utilidades con los alimentos que utilizan, lo que incluye un cambio en su manera de pensar sobre el control de la coccidiosis.

“Necesitamos desarrollar un manejo de la enfermedad más enfocado a este propósito”, dijo. “Esto significa el uso de niveles bajos y controlados de coccidias para desarrollar la inmunidad temprana con el fin de evitar las costosas consecuencias que causan las lesiones leves que aparecen tardíamente”.

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